
A veces me paso recordando cosas, soy de alguna manera un nostálgico incurable. Y me gusta, lo reconozco.
Igualmente las instantáneas son las que más me gustan. La imagen, lo grabado apenas uno ha echado un vistazo. Como reconocer una cara en el tren que uno ha visto en otra parte, y pensarla, descubrirla, desatomizarla y volver a armarla.
Pero hoy, por alguna de esas razones que la mente tiene para sorprendernos, recordé San Telmo, de noche, con mucha depresión y algo de abstinencia, borracho como cuba (o Cuba o Miami) en un departamento en el que una murga hacía las veces de número vivo. Mucha gente.
El almirante me miraba, yo lo miraba a él y nos reíamos.
Todavía algunas noches, resuenan en mi cabeza los tambores desparejos de una murga que desentonaba.